Mens sana in corpore sano

Esta vez he dudado a la hora de escoger el tema para la entrada semanal del blog. Uf! Qué obligación me he pillado porque sí!!  Pero bueno, como dice el dicho, ‘sarna con gusto, no pica’, no? Lo bueno de esto es que el tema que he ‘aparcado’ ahí lo tengo, para abordarlo con todo el equipo la próxima semana! 🙂

Y eso que todavía no ha empezado mi temporada duatlonera ni triatlonera!!! Sólo quedan 2 semanitas… y empezaré con el Duatlón de Picassent… qué ganas!

Os aviso de que esta entrada es un poco más tediosa que las anteriores, porque me apetece escribir algo más ‘sesudo’. De todas formas, intentaré hacerlo lo más entretenido posible! Si no, no entraréis más!!! Y ése no es mi objetivo 😉

Recuerdo un verano en el que me llevé la bici al pueblo para hacer un día tras otro mi rutita querida Callosa-Guadalest-Confrides y vuelta…, y en una de las salidas me encontré a un antiguo profesor del cole (Almedia! Almedia! Nuestro colegio Almedia, forja de ilusiones, cuna de amistad!!! Jajajaj qué ganas le tenía al himno!!), tío de una famosa actriz que no nombraré pero cuyo primer apellido es Verdú… Después de intercambiar unos cuantos saludos y ponernos un poco al día, me dijo: ‘a mí me viene muy bien hacer ciclismo y subir estos puertos porque noto que me sirve para la vida diaria’ o algo así (perdóneme, d. Luis Felipe, si no eran sus palabras exactas! No me ponga un palitroque!!! jajaaj). Esa reflexión me hizo pensar, porque nunca había afrontado un puerto pensando así. Pero bueno, por algo él era el profesor y yo la alumna… jeje.

Vaya, parece que la disciplina, la constancia y la capacidad de sacrificio que requiere el deporte nos sirve, aunque no nos demos cuenta, para mantener eso mismo (disciplina, constancia y sacrificio) en los quehaceres diarios. Porque no sólo lo dice el profe, ahora también yo!

Esto sólo se explica porque deporte y mente van de la mano. Pero la cuestión es, ¿cómo le afecta a la mente la actividad física? ¿Cuál es la explicación científica, si la hay? ¿Es recomendable? ¿Hasta qué punto nos ayudará el ejercicio físico a que nuestra mente no se deteriore más de lo que debería con el paso de los años?

la-pregunta

Vamos a ver si podemos contestar a estas preguntas con un poco de rigor.

Ya los romanos reconocían la conexión entre salud física y mental cuando decían que ‘Mens sana in corpore sano’.  Al principio se pensaba que los efectos positivos del ejercicio físico se debían fundamentalmente a que el flujo de sangre al cerebro aumenta significativamente, con lo que las células cerebrales se encuentran mejor oxigenadas y alimentadas y esto contribuye a que estén más sanas. Pero estos últimos años se ha investigaentrenar-cerebrodo el tema y parece ser que el ejercicio produce una gran variedad de efectos sobre el cerebro que no se pueden explicar exclusivamente por un aporte mayor de nutrientes. El ejercicio ha demostrado ser un método excelente de protección frente a enfermedades neurodegenerativas, e incluso puede ayudar a disminuir el impacto de estas enfermedades.

Hay que aclarar que cuando se habla de ‘ejercicio físico’ relacionado con la ‘salud mental’, no se trata de ser maratoniano, ni iron man, ni nada parecido. Se trata de ‘un ejercicio físico moderado’. Los que somos deportistas aficionados lo tenemos más o menos superado, pero si nos referimos a personas mayores, por ejemplo, con caminar 5-6 km al día (un paseíto por la ruta del colesterol… je je), ya es un buen ejercicio para ‘ejercitar’ también la mente. A eso nos referimos.

homer_sentado

Homer sedentario y senil

El ejercicio parece activar una serie de procesos encargados de mantener y proteger a las células nerviosas, lo que se llama sistemas de neuroprotección fisiológica. Si el ejercicio protege al cerebro de las agresiones tanto internas como externas a las que se ve sometido a lo largo de la vida, es evidente que la vida sedentaria, muy acentuada en la sociedad moderna, es un factor de riesgo para enfermedades neurodegenerativas, tan devastadoras en la sociedad actual.

El cuerpo humano está diseñado para mantener una actividad física constante. Si no, pensemos en nuestros antepasados, que requerían de actividad física continua para poder llevar a cabo los quehaceres diarios (largas caminatas en busca de alimentos, huir de los depredadores, cazar…). La sociedad y la forma de vida han cambiado mucho y se tiende a llevar una vida sedentaria, lo cual puede haber propiciado algunas enfermedades como el Alzheimer, para las que el sedentarismo se considera uno de los factores de riesgo. También la depresión, la esquizofrenia, la ansiedad o la bipolaridad. Resulta curioso que por ejemplo en un siglo la forma de vida haya cambiado tanto (si pensamos en cómo se vivía antes de la revolución industrial), y sin embargo, nuestra fisiología no, sigue siendo la misma! Se podría decir que el cuerpo humano necesita la actividad física para mantener una serie de funciones básicas. Y resulta que una de las funciones básicas es mantener la salud de nuestras neuronas.

Cuando realizamos una actividad física, aparte de coordinar el movimiento de los músculos implicados en el movimiento que se esté realizando, el cerebro coordina las funciones corporales necesarias para que esos músculos funcionen correctamente en una situación que básicamente demanda un mayor consumo de energía. Los mecanismos metabólicos activados y controlados por el cerebro se conocen bien desde hace años. Las señales que envía el cuerpo para que el cerebro ponga en marcha las adaptaciones fisiológicas necesarias a la nueva situación que el ejercicio demanda se cree que incluyen cambios en la concentración de metabolitos sanguíneos, de la concentración de CO2 en la sangre, del pH sanguíneo, y otros.

Se pueden desarrollar estrategias combinando actividad física con actividad mental para prevenir enfermedades neurodegenerativas y a la vez mantener  en buen estado, a medida que envejecemos, las capacidades intelectuales. Un dato epidemiológico que apoya este tipo de conclusiones es que las personas con mayor índice cultural, más proclives a utilizar su capacidad intelectual, tienen una menor incidencia de demencia senil.

Y aquí viene la parte rollazo y sesuda, pero no por ello menos interesante!!!

Parece ser que hay dos líneas de investigación claramente diferenciadas en lo que se refiere a la relación entre ejercicio y funcionamiento cerebral. La primera se refiere a la observación de hace ya unas décadas de que el ambiente incide de forma importante en el desarrollo y mantenimiento de la capacidad de aprendizaje y memoria. Experimentos mostraron que los ambientes que proporcionan una mayor cantidad y calidad de estímulos favorecen un mayor desarrollo cerebral, tanto desde el punto de vista anatómico, como funcional. El segundo tipo de observaciones viene derivado del estudio sobre la fisiología del deporte. Analizando cómo se promueve el desarrollo muscular por las llamadas hormonas anabólicas, se vio que el ejercicio estimula la liberación

Eje GH - IGF I

Manido esquema del eje GH – IGF 1

a la sangre de hormona de crecimiento (GH, de su nombre inglés ‘Growth Hormone’), que es la principal responsable del crecimiento del cuerpo. La GH a su vez hace que el hígado produzca un factor de crecimiento denominado IGF-1 (‘Insuline-like Growth Factor 1’). El IGF-1 hace que el músculo crezca en tamaño. Esto lo saben bien los culturistas, que utilizan esta sustancia de forma clandestina, para promover crecimiento muscular masivo. Pues bien, el IGF-1 es un factor neurotrófico muy potente. Como el ejercicio físico estimula al eje hormonal GH-IGF-1, se pensó que era posible que el ejercicio ejerciera efectos protectores sobre el cerebro a través del IGF-1. Al comparar los efectos del ejercicio y del IGF-1 sobre el cerebro se vio que eran idénticos. Es más, al impedir que el IGF-1 funcionara, también se interrumpían los efectos del ejercicio sobre el cerebro. Por eso los investigadores consideraron al IGF-1 como un mensajero que utiliza el cuerpo para informar al cerebro de que se está produciendo una situación de ejercicio físico. También se comprobó en el laboratorio que cuando se realiza ejercicio, el cerebro acumula más IGF-1 producido por el hígado.

La manera en que esta sustancia actúa de tantas formas es sorprendente, pero a su vez esto refuerza la idea de que este factor trófico es uno de los mediadores fundamentales de los efectos beneficiosos del ejercicio físico sobre el cerebro. Se podría decir que el ejercicio físico estimula mecanismos protectores del cerebro. Uno de ellos sería la producción de IGF-1.

Bueno, no sé si os habéis enterado de algo, la verdad. Quería reflejar un poco que nada es tan sencillo, que todo tiene su explicación. Y qué pasa y por qué cuando nos dicen que hacer ejercicio nos va a beneficiar no sólo al cuerpo, sino también a la mente.

Y lo dicho al principio, espero hacer una próxima entrada mucho más facilona y divertida!!!

Hoy os dejo la entrada para que estéis así un ratito…. que siempre viene bien!

pensar

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5 pensamientos en “Mens sana in corpore sano

  1. elenaescolar dice:

    Ya me ha llegado la primera crítica al blog. Tomo nota, valoro y pongo en práctica a partir de ya. Gràcies maduixeta!!

  2. Carmelo dice:

    Lo he leido aun estando de vacas y me ha gustado, para mi el mejor artículo.

  3. Pato dice:

    Esto parece una tesina 😛 Interesante para aprender cosas, una buena currada Elena. 🙂

  4. Asun dice:

    Genial, Elena!!!!! Enhorabuena por esta entrada; muy interesante. :))

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